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PASO A LA INMORTALIDAD DEL GENERAL MANUEL BELGRANO

Apuntes sobre Belgrano y la Educación.

Ya han pasado 200 años desde que se fue  en la más absoluta de las miserias y el olvido de sus compatriotas, la orgullosa Buenos Aires estaba muy ocupada con sus tres gobiernos ese 20 de junio y de los siete periódicos en circulación solo «El Observador Teofilantrópico» del padre Castañeda dio aviso de su muerte en un breve, demasiado breve comunicado.

La humillación de ser encarcelado por un ignoto Abraham González, un oficial de escasas luces y rango, amotinado a su superior sin poseer autoridad legal y mucho menos moral, todavía le dolía y mucho, es que este bárbaro no respetó siquiera su severa hidropesía, su investidura ni su historia   y hasta se atrevió a engrillarlo como un vulgar delincuente.

Su estado de salud tan precario y frágil le dificultaba  volver de Tucumán así como también la falta de dinero, pero la iniciativa de su amigo Balbín quien pudo juntar unos reales para facilitar el regreso que lo alejaría de esa provincia,  en un viaje que  fue un suplicio para Manuel y lo padeció estoicamente.

 ¿Qué circunstancias se dieron para que los últimos tiempos de Belgrano fueran tan inmerecidamente duros?

¿Qué suma de desgracias llevaron a un hombre de fortuna y una posición privilegiada a terminar tan mal?

El origen de su familia se remonta al patriciado genovés donde el notario Pompeyo Belgrano rubricaba documentos incluso de Carlos Manuel I, Duque de Saboya en el siglo XVI. Siglos más tarde su padre Domingo Francisco Belgrano y Peri se dedica al comercio en su Génova natal y luego se traslada a España donde continúa con su actividad con muy buena fortuna y más tarde viaja  a Buenos Aires para consolidarse como un hombre de fortuna, allí conoce a  María Josefa González Casero con quien contrae nupcias.

Obtiene la naturalización en  1769, el gobernador Juan José Vértiz y Salcedo, en atención a sus méritos  lo nombra capitán en 1772. Ingresa en 1778 a la Administración de la Aduana de Buenos Aires y años después ocupa diversos cargos en el Cabildo: regidor, alférez real y síndico procurador general.

Para 1770, un 3 de junio nacía en Buenos Aires Manuel José Joaquín del Corazón de Jesús Belgrano, uno de quince hermanos ( algunas fuentes citan 16),  de los cuales sobreviven 12, cursa sus primeros estudios en el real Colegio de San Carlos bajo la supervisión del padre Chorroarín. 

El mismo cuenta en su autobiografía [1]

“su padre lo mandó a España a seguir la carrera de las leyes, y allí estudié en Salamanca; me gradué en Valladolid, continué en Madrid y me recibí de abogado en la Cancillería de Valladolid

Su formación  académica es la mejor a la cual podía acceder un joven criollo de su condición social y él es consciente de ello, razón por la cual corresponde a este privilegio siendo un aventajado estudiante que tiene como profesores a lo mejor y más selecto del mundo académico en España[2].

“Son tiempos en que el rector de la Universidad de Salamanca (1786 a 1788) era el brillante orador liberal de las Cortes de Cádiz Don Diego Muñoz Torrero y Ramírez Moyano; el Catedrático de Derecho  Don Ramón de Salas y Cortés; entre sus condiscípulos estaban el “poeta de la ilustración” Don Manuel José Quintana y el autor de los planes progresistas de estudio de la Universidad de 1814, traductor y comentador de Jeremías Bentham, Don Toribio Núñez Sessé.

 Don Ramón Salas Cortés es profesor de Belgrano en Salamanca  en los dos cursos que realiza. Salas Cortés es quien dicta por primera vez Economía Política y preside la Academia de Economía a la que concurre Belgrano. Asimismo, durante el rectorado de Muñoz Torrero se incorpora a la biblioteca la obra de Cayetano Filangieri: Ciencia de la Legislación, la de Adam Smith: La riqueza de las naciones, entre otras. Varias de las obras estaban prohibidas por encontrarse en el “Index” de la Iglesia Católica por lo que el Rector obtuvo del Consejo de Castilla una extensión de la licencia para los profesores”.

Una vez finalizados sus estudios es nombrado Secretario del consulado en Buenos Aires y lo recuerda de este modo.[3]

“Como en la época de 1789 me hallaba en España y la revolución de Francia hiciese también la variación de ideas, y particularmente en los hombres de letras con quienes trataba, se apoderaron de mí las ideas de libertad, igualdad, seguridad, propiedad, y sólo veía tiranos en los que se oponían a que el hombre, fuese donde fuese, no disfrutase de unos derechos que Dios y la naturaleza le habían concedido, y aún las mismas sociedades, habían acordado en su establecimiento directa o indirectamente. Al concluir mi carrera por los años de 1793, las ideas de economía política cundían en España con furor, y creo que a esto debí que me colocaran en la Secretaría del Consulado de Buenos Aires, erigido en el tiempo del ministro Gardoqui.”

Cuando regresa a su ciudad natal traía en su espíritu no sólo el recuerdo de las ideas de los más ilustres economistas españoles de la época, Pedro Rodríguez de Campomanes, Melchor Gaspar de Jovellanos y José Alonso Ortiz, sino también el conocimiento fresco de las ideas dominantes en la época de los ‘economistas’ de la escuela de François Quesnay y de los escritos de Genovesi y Galliani a quienes leyó en original (…) como asimismo de la Riqueza de las naciones de Adam Smith, que conocía a través del Compendio de ideas smithianas hecho por Condorcet y vertido al castellano por Carlos Martínez de Irujo en 1792.

Ya en funciones de Secretario, no solo cumple con su tarea específica sino que también se dedica a escribir con denuedo acerca de educación, industria y agricultura en el formato de Memorias, siendo éstas un trabajo monumental sobre estas tres aéreas todavía incipientes en el Río de la Plata.  

 Trae de Europa novedosas ideas que quiere plasmar en su tierra y sabe que el tiempo está en su contra ya que está todo por hacer y las autoridades del Virreinato no quieren cambiar el Status Quo por nada del mundo. Él es consciente que si algún cambio es viable solo podrá ser sin la tutela de los españoles y para eso falta bastante, pero no es el único que entiende que es hora de librarse del yugo hispano que tanto agobia a los criollos.

Un hombre de gustos refinados, modales propios de alguien que sabe codearse con la élite, una educación superior, una inteligencia privilegiada y al mismo tiempo un compromiso político que lo hizo renunciar a todo para embarcarse en empresas dignas de Atlas o Sísifo

¿Qué voluntad férrea movía a este hombre  que no supo ni quiso eludir su destino?

Desde que empezamos a leer Historia, al menos  la versión que nos ha ofrecido la  ya digerida  historiografía oficial, nos presenta un Belgrano ungido  General de la Nación, de “carrera”, con experiencia militar como si se avergonzaran de su pasado civil y no como un ciudadano responsable cuyo civismo lo llevo a aceptar tareas que por momentos lo desbordaron y no por falta de entusiasmo o capacidad, sino por inexperiencia. Entendamos que lejos estoy de cuestionar y por cierto jamás me atrevería,  su labor como militar, la cual tuvo momentos gloriosos y otros menos felices, ocurre que si solo nos referimos al  Belgrano de los altos mandos y dejamos de lado otros aspectos mucho más ricos de este polifacético hombre no estaríamos haciéndole justicia y caeríamos en una imperdonable negligencia. Él mismo se refiere a su poca o nula vocación castrense al momento de partir a La Banda Oriental como comandante y solo por su probado patriotismo[4]

“Hacía diez años que era yo capitán de milicias urbanas, más por capricho que por afición a la milicia. Mis primeros ensayos en ella fueron en esa época. … allí no había orden ni concierto en cosa alguna, como debía suceder en grupos de hombres ignorantes de toda disciplina y sin subordinación alguna: allí se formaron las compañías –se refiere al Fuerte ante la convocatoria por la invasión-, y yo fui agregado a una de ellas, avergonzado de ignorar hasta los rudimentos más triviales de la milicia y pendiente de lo que dijera un oficial veterano”

Durante años pensé que como una conjura de necios o por lo menos imprudentes, nos quedamos y aceptamos a pie juntillas al guerrero que eclipsaba  al hombre de ideas, al intelectual, al economista, al hombre formado en el derecho, al políglota, al educador cuyos proyectos no cesaban de generarse como  una usina de ideas y bastante novedosas por cierto e incluso revolucionarias para la época.

 Cual “Homo Universalis” opacado por un militar, distinto a sus colegas ya que poseía una generosidad pocas veces vista con sus derrotados, sin duda producto de su formación intelectual poco habitual en sus colegas de armas acostumbrados a las barbaries del campo de batalla propias de los “hijos de Marte”. El general José María Paz no duda en calificarlo como:[5]

“No tenía, como él mismo lo ha dicho, grandes conocimientos militares, pero poseía un juicio recto, una honradez a toda prueba, un patriotismo puro y desinteresado, el más exquisito amor al orden, un entusiasmo decidido por la disciplina y un valor moral que jamás se ha desmentido”

El propio Padre de la Patria admiraba profundamente a este hombre y se refería a él en estos términos[6]

“En el caso de nombrar quien deba reemplazar a Rondeau, yo me decido por Belgrano: éste es el más metódico de los que conozco en nuestra América lleno de integridad, y talento natural: no tendrá los conocimientos de un Moreau o Bonaparte en punto a milicia pero créame usted que es lo mejor que tenemos en la América del Sur”.

 Y es aquí donde quienes nos dedicamos al noble oficio de educar, debemos develar otros aspectos de nuestro héroe no solo militar sino también cívico. No quiero forzar una incómoda dicotomía: “hombre de armas o intelectual”, pero sí reivindicar a quien no solo fue capaz de guiar a sus tropas con valor y muchas veces sabiéndose en desventaja, con el arrojo propio de los líderes militares que cambiaron la Historia, también debemos poner énfasis en el Manuel Joaquín que marco nuestra dirección a seguir, que pensó en una educación que apenas brotaba en un suelo poco fértil, que se angustiaba ante la falta de escuelas y estaba convencido que un hombre educado era un hombre comprometido con su país. Incluso  se plantea el concepto de felicidad asociado a la educación.[7]

  “No es fácil comprender en qué ha podido consistir, ni en qué consista que el fundamento más sólido, la base, digámoslo así, y el origen verdadero de la felicidad pública, cual es la educación, se halla en un estado tan miserable, que aún las mismas capitales se resienten de su falta”.

En 1789 le da forma al primer proyecto educativo que contempla la enseñanza estatal, gratuita y obligatoria, también planteaba que no se podía mejorar las costumbres y ahuyentar los vicios sin darle educación al pueblo y proponía que los cabildos creasen y mantuviesen con sus fondos escuelas en todas las parroquias de sus respectivas jurisdicciones, poniendo más cuidado de hacerlo en la campaña. La educación siempre fue algo que lo obsesionaba ya que entendía que un proyecto de país era inviable sin ella[8]

“¿Cómo se quiere que los hombres tengan amor al trabajo, que las costumbres sean arregladas, que haya copia de ciudadanos honrados, que las virtudes ahuyenten los vicios, y que el Gobierno reciba el fruto de sus cuidados, si no hay enseñanza, y si la ignorancia va pasando de generación en generación con mayores y más grandes aumentos?”

Estaba convencido de la relación entre la educación el amor al trabajo y la virtud y el crecimiento de una sociedad  no se daría sin estos tres basamentos esenciales, es que antes que un esforzado militar es un hombre de ideas y es éste el Belgrano que debemos rescatar. Recordemos como siempre lo hemos hecho al “Bomberito de la Patria” (me permito esta expresión cargada de ironía pero que lo pinta de cuerpo entero y la repito con gran afecto) como solían llamarlo por estar siempre dispuesto a cumplir con ella dejándolo todo incluso sus más preciados afectos pero reivindiquemos de una vez por todas al Belgrano Educador quien mucho antes que otros grandes, planto la piedra fundamental, elaboro la argamasa y comenzó la obra.

Que este bicentenario nuestros jóvenes comiencen a conocer a otro Belgrano, tan heroico como siempre pero también como una de las mentes más brillantes que dio nuestro naciente país y, hasta quizás, quieran imitarlo y valorar más su obra. Así también nosotros, seamos dignos de su ejemplo, cada vez que reclamamos por una mejor educación como él lo hizo.

Profesor Licenciado Roberto López

Afiliado a SADOP

LOMAS DE ZAMORA

BIBLIOGRAFÍA:

[1] “Autobiografía y otras páginas de Manuel Belgrano” Editorial Eudeba.

[2] BELGRANO: “El varón más justo y más virtuoso de la República Argentina” Salvadores de Arzuaga, Carlos I. USal

[3] “Autobiografía y otras páginas de Manuel Belgrano” Editorial Eudeba.

[4]   BELGRANO: “El varón más justo y más virtuoso de la República Argentina” Salvadores de Arzuaga, Carlos I. USal

[5] Memorias del General José María Paz.

[6] El historiador, página digital.

[7] “Autobiografía y otras páginas de Manuel Belgrano” Editorial Eudeba.

[8] Articulo en “El Correo de Comercio”

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